OPINIÓN

¿El futuro de la raza puede estar con quienes renuncian para sus yeguas a la participación en las pruebas de doma?

De Hornacinas, Déspotas Indoctos,
Constituciones Caciquiles, Analogías,
Relinchos y Rebuznos

Artículo © Revista PURA RAZA (Marzo de 2004)
Por
SALVADOR ZUNZUNEGUI


Carlos III nació en Madrid el día 20 de enero de 1716 y, afortunadamente para el Sr. Barranco y sus consejeros, ya se murió hace tiempo: un 14 de diciembre de 1778; lo cual sin duda es un alivio para los responsables de ese monumento ecuestre que nos desprestigia ostentosamente en el kilómetro cero de la capital de España, porque si viviera no permitiría tal afrenta a su señera figura ni tal desacato a su autoridad. Su Majestad, que era ordenancista hasta la médula, les hubiera llamado a capítulo y posiblemente les hubiera mandado a la porra (Palo enterizo que termina en una bola o cabeza abultada, especie de enorme batuta del tambor mayor que lo clavaba en lugar visible en los campamentos para concentrar en torno suyo a los arrestados de la tropa) o habrían salido baqueteados (castigo físico propinado con las varillas de atacar los fusiles) y les echaría con cajas destempladas (se le quitaba el temple a los tambores para que los sonidos graves dieran un tono lúgubre a las ejecuciones: hoy ha quedado para despedir o echar a alguien de alguna parte con gran aspereza o enojo). En fin, de buena se ha librado el exalcalde Barranco a quien el ilustre profesor Tierno llamaba cariñosamente "Juanito Precipicio".

Yo no creo que tamaño desmán proceda del republicanismo residual que alienta siempre el alma de cualquier "progre" que se precie; esas veleidades, esos fervores, pronto se entibiecen de mala manera cuando uno puede permitirse el lujo de asomarse a las balconadas de un piso aledaño al cuartel de Alabarderos y con vistas a Palacio. Yo más bien lo achaco a que España fue siempre más de infantería que de otra cosa, desde los Tercios De Flandes a las guerrillas del Empecinado. Los caballos quedaron para el lujo y como símbolo de dominio, y al español medio siempre le ha molestado la riqueza del vecino y, sobre todo, que le manden. La envidia y la soberbia forman la vanguardia de nuestros pecados capitales. De ahí viene el poco amor a los caballos entre los carpetovetónicos: a nadie nos debe extrañar que Madrid esté sin hipódromo durante diez años, que un parvenu haya "reorganizado" la Cría Caballar, que el MAPA vomite esos decretos hipófobos (que odian o temen exageradamente al caballo) o que se burlen del Rey Carlos III — ahora que no puede defenderse— y le hayan montado en tal adefesio sin grupa, y que para más inri le calcen al revés los estribos, con lo que el filo de la ación (sí, con una sola "c") terminaría cortándole las piernas, que se salvan por ser de bronce.

Otra cosa a tener en cuenta es lo importante que es el "mando único" para llevar a buen fin cualquier empresa. Para este conjunto tomaron modelo de una cabeza de mármol genialmente cincelada por las manos de Mena (Siglo XVIII), se la colocaron a una estatua ecuestre de Felipe V, sin tener en cuenta que ésta iba destinada a mostrarse en una hornacina (Hueco en forma de arco, que se suele dejar en el grueso de la pared maestra de las fábricas, para colocar en él una estatua). Estaba diseñada para verla en lo alto y de frente, no para los que llegan a retaguardia y casi a su altura por la calle Preciados, una de las más concurridas del mundo. El monumento se hizo entre un alcalde indocto del Pesoe,—al viejo profesor no le hubieran metido ese gol—, una cabeza de mármol de Carlos III, una estatua ecuestre de su padre, Felipe V, y para otro sitio, y todo esto refrendado por la voluntad popular de los madrileños que no se percataron de que otro escultor contemporáneo le calzó los estribos al revés.
Esta lamentable estatua tiene mucho en común con la nueva normativa ejecutada (ejecutar es verbo de siniestra polisemia) al alimón entre el MAPA y el MINISDEF, con control a distancia de la ANCCE, o sea por el despotismo deslustrado y la democracia morbosa.
Forzando todo lo que pueda dar de sí la más torticera interpretación de la democracia, se alivian de tomar decisiones para las que notoriamente no están preparados, por haber asumido responsabilidades muy por encima de sus talentos, y derivan las decisiones inherentes a sus cargos hacia los propietarios de mayor número de yeguas, emparejándose con el espíritu de las constituciones caciquiles del siglo XIX, en las que la representación "democrática" iba en función del número de hectáreas en propiedad. Por ejemplo, veamos lo que ordenaba la Constitución del 23 de mayo de 1845: Para representar al pueblo español se exigía además de otras condiciones de clase, "... disfrutar de 30.000 reales de renta procedentes de bienes propios o de sueldos de los empleos que no pueden perderse sino por causa legalmente probada. Títulos de Castilla que disfruten 60.000 reales". Los pobres no eran de fiar ni aunque fueran Grandes de España. No creo necesario en abundar en argumentos respecto a las analogías legales en que se ha apoyado el MAPA para entregar el poder decisorio a la ANCCE. Coincido con el Sr. Vázquez, prestigioso jurista, presidente del Foro sufragáneo de ANCCE y en cierta forma responsable de su "aparato ideológico" que hay cosas que entran en franca colisión con nuestro ordenamiento jurídico.

Funciona el mismo argumento: cualquier ley afecta en primer lugar a los que eran dueños de toda la riqueza española. A un desheredado, ¿que le importaban los aranceles al tabaco de Filipinas? Por ese sofisma, ahora, vale más, o mejor vale todo, el interés de quien invirtió su dinero, negro o blanco, en yeguas, aunque éstas sean horrorosas, que toda una vida dedicada a la investigación etnológica de la raza española como es el caso de Don Juan Bautista Aparicio, o que siglo y medio de entrega, custodia y laboriosidad fecunda o que la dedicación brillante de ese grupo de jinetes que con su trabajo, afición y sabiduría ecuestre han encumbrado la raza hasta llevarla a las competiciones olímpicas, que es algo así como la gloria de Bernini de una raza caballar.
Y como esta estatua ecuestre no es precisamente una obra de Bernini les aconsejo que sigan paseando por Alcalá arriba. Dejarán a un lado las cuádrigas bizantinas del hermoso edificio del BBV, para adentrarse por la primera puerta del Retiro. Allí contemplarán dominando el lago el Pura Raza árabe de Alfonso XII, demasiado alto el pedestal para tan poco caballo, y a unos cien metros podrán recrearse con el mejor caballo de todo Madrid, obra de Benlliure, para mí el único caballo vivo de todos los que he visto; lo monta el general Martínez Campos tras una penosa jornada de campaña, y viene el pobre animal algo cansado, pero relajado y satisfecho de haber prestado un buen servicio. Por eso agradece que su jinete afloje las riendas y le permita estirar el cuello en un momento de descanso: sencillamente genial. No deje de visitarlos aunque sólo sea para quitarse el mal sabor de boca del ultraje ecuestre a Carlos III.

El Despotismo Ilustrado, muy discutido desde la perspectiva actual, está, sin objeciones, muy por encima del despotismo democrático, de los que ejercitan la democracia morbosa, a la que Disraeli llamaba la peor de las tiranías cuando se aplica fuera de sazón, como es el caso de ponderar los votos por número de yeguas, despreciando la opinión autorizada de los jueces, de lo técnicos y de los jinetes. El futuro de un bien cultural publico, como lo es la Pura Raza Española, lo están decidiendo quienes creen que la yeguas pierden la virginidad por una exploración ecográfica vía rectal y no permiten ni voz ni voto a los expertos.
El futuro de la raza está en manos de quienes han inventado el "Potromocho". No han querido admitir la libertad de cubrir yeguas a cualquier caballo que cumpla las normas sanitarias, como ocurre en todas las razas serias. Han preferido montar una aparente barrera selectiva que de hecho va a autorizar a casi todos, pero con un aval del Estado Español para dar indebida confianza a un futuro comprador; para ello se debe pasar un dudoso filtro vigilado por jueces improvisados, muchos sin suficiente calificación; pero, eso sí, rigurosamente elegidos por ellos, y, por si fuera poco, de ese equipo de jueces podrán proponer a tres. Si a pesar de todas las precauciones se les niega algún ejemplar, mantienen el derecho a recurrir a otro juez más dócil, y si esta instancia les fallara, ambos jueces serían removidos al año siguiente, aparte de que aquel juez "insensato" que se atreva a suspender un caballo, naturalmente, no le vuelven a llamar en la vida. En fin, vale cualquier ejemplar desechable dentro de la especie equina con tal que no tenga cerviguillo, gatillo o sea monórquido (monohuevo, para el MAPA). Todos los demás defectos y taras no se incluyen en esta "selección genética" y de acuerdo con el principio jurídico "Inclusio unius est exclusio alterius", la norma no sólo permite, sino que exige aprobar a un caballo ciego y tetrapléjico si no tiene cerviguillo. Siguen en su línea de las palomillas en el dorso, ¡qué más da!... Lo importante es sorprender a algún incauto confiado con un documento de aptitud para la reproducción, avalado por el MAPA y el MINISDEF, ni más ni menos. Todo un "Potromocho" con la complicidad de la Administración.

Se ha preguntado el Sr. Vázquez si el futuro de la raza puede estar con quienes renuncian para sus yeguas a la participación en las pruebas de doma a partir de los cuatro años, tal como lo están haciendo en todas la razas de la "competencia"; si el futuro puede estar en manos de quienes se divierten sacándolas a la pista atadas por el "pescuezo" de tres en tres o de cinco en cinco, ¡niñas al salón!, mientras las hembras de la "competencia" adquieren performance para acreditarse como madres en vientres de alquiler. Las "cobras" —debería tomar nota el Sr. Vázquez— tienen una gran belleza plástica, pero si las incluimos en la competición morfológica inducen con exceso a buscar la homogeneidad por encima de la calidad individual, y ello, en mi opinión, va contra el progreso de la raza. Los criadores tienen obligación de buscar siempre el semental más adecuado para acrecentar las virtudes de cada una de sus yeguas y al mismo tiempo compensar sus defectos. Pero siguen los amigos del Sr. Vázquez condicionados por la zootecnia de producción cárnica o láctea en la que siempre se ha relacionado la capa con otras virtudes, lo cual quizá sea imprescindible en otras especies y razas de abasto donde no se dispone de otras referencias más visibles o asequibles a una observación poco docta.
También aprovecho para recordarle al claustro del Foro la definición que la RAE hace de cobra (del latín, copula): "Cierto número de yeguas enlazadas, y amaestradas para la trilla." Nada que ver con eso que dicen (sus ideólogos) de una supuesta relación con la actividad comercial de sus propietarios que cobrarían por su alquiler ( "cobras" de cobrar, ¿han captado la sutileza del Foro?). Por esa regla de tres también se llamarían "cobras" las meretrices y el ministro de Hacienda, que en el cobrar les va la vida. Para que luego critiquen el plan de enseñanza de la exministra Castillo... Están tan peleados con el latín como con la Zootecnia, cuando eso de las cobras lo dicen por escrito, no se pueden arrepentir clamando a un supuesto lapsus lingüe (así, espántense, con diéresis, lo escriben en su revista), las torpezas por escrito se deben excusar con el lapsus calami, que no viene de calamidad, aunque lo parezca: se refiere a la pluma traidora. Lapsus linguae (hay que recordar la primera declinación: rosa, rosae) es el que se comete cuando los descuidos son verbales, como el del señor Trillo atacando la isla de Pero Gil. Llegados a ciertas edades, sobre todo, cuando se asumen responsabilidades, como no se maneje bien la lengua está uno perdido... En resumen, las cobras para exhibición y publicidad de una ganadería o yeguada, pero no imponerlas como condición de calidad global: aquí debe primar el valor de la individualidad. Si no lo hacemos así, terminaremos comiéndonos a los caballos, como ya tiene previsto el MAPA en su pomposo Plan Nacional de Ordenación y Fomento del Sector Equino, donde, tras una disparatada estadística en la que vuelven a mezclar relinchos con rebuznos —urgen controles de alcoholemia— para aparentar crecimientos espectaculares de población, mezclan los filetes de potro con el "grupa al muro", cosa que a mí se me antoja tan delicada como declararse a la novia entre eructos y masticando un bocadillo de mortadela. Sólo al final de un asedio, cuando las tropas se diezman por el hambre, se puede recurrir a esa vileza. I HAD TO SHOOT MY HORSE (Tuve que sacrificar a mi caballo) exponía el Teniente General de Caballería Wainwright, como prueba rotunda de la situación desesperada que le obligó a rendir Filipinas a los japoneses. Seguro que ignoran además que van a ir al infierno: el Papa Gregorio III prohibió estas prácticas paganas que en España ya había denunciado San Martín el Dumiense, sobre todo en Galicia por su mayor herencia de los celtas, que creían apoderarse de la fuerza del caballo comiendo su carne. Al Celta de Vigo le podríamos conceder una bula para que cobre energías y salga del agujero.

No obstante, tengo que reconocerles al Sr. Vázquez y a sus amigos una gran capacidad de influencia política: han puesto a sus pies dos ministerios; pero ¿quién se ha beneficiado? Desde luego, el caballo, no... Menudo lío han montado... Transcribo una carta de un ganadero presente en la "rendición de Breda" de la última tenida en el Foro que el señor Vázquez preside: "Querido amigo: Estuve en el Foro Ecuestre el fin de semana pasado. Hubo ponencias muy interesantes, como la del director de la Escuela de Viena y otras ...sin comentarios. El ambiente era tenso ya que se podía palpar el descontento de los ganaderos ante los nuevos engendros legislativos. Movellán asumió en público y ante el Director Gral del Ministerio y el Sr. Frutos, que todo se había hecho consensuando. Candau expresó abiertamente su descontento, imaginaos la situación de Movellán, cuando un ganadero del peso específico de Candau le critica públicamente. Lo que queda claro es que los "Autores" son los ganaderos del entorno ANCCE, y no todos, me temo que C.C. y el MAPA se han limitado, en un alarde inoportuno de democracia, a dejarles "parir" semejante engendro, por supuesto, esto también ha sido posible gracias al escaso nivel de conocimientos de los representantes de la Administración."
Visto lo visto, a nadie debe extrañar que al Sr. Vázquez le guste el actual presidente del FESCCR (esta nueva forma de llamar al general de Cría Caballar, es como si al obispo de Valladolid le titulásemos Patriarca de la cuenta mil y pico de Gescartera). Incluso le perdona la vida —en esta versión de Breda hubo entrega sumisa, pero con acogida altanera: no tienen la clase de Spinola— con una Pragmática Sanción: "...considerando que la persona del general Heredero ha sido en principio un nombramiento acertado...", en tanto que a los demás, salvo los veterinarios, los anatemiza dudando de sus titulaciones académicas, hasta el punto de poner en solfa la legitimidad de sus nombramientos "muy discutibles desde el punto jurídico de nuestro ordenamiento". Ante tal desatino y osadía, me veo obligado a recordarle a este señor que los dos jefes de Caballería que les acompañaban, silenciosos, en ese espantoso "contubernio", son "repetidores" de la Escuela de Equitación, (centro de enseñanza español de mayor prestigio mundial en el siglo XX: sus profesores ganaron dos medallas olímpicas para España), cualquiera de ellos, ambos especialistas en Cría Caballar, ha domado potros cerriles, ha trabajado en disciplinas de exterior, doma clásica, completo, salto de obstáculos, carreras lisas y de obstáculos, enganches y polo. Por supuesto, a ninguno de ellos se les ocurre galopar a la cuerda a potros de un año ni galopar entre estacas a los de tres; ni se creen que el enganche en tándem, generalmente en coche de dos ruedas, de un caballo entre las limoneras y delante otro con los tirantes enganchados a las puntas de ellas o a un balancín, se llama así porque lo inventó Lord Tanden. Eso no sólo es un disparate, Sr. Vázquez: es más cursi que tocar diana con violín... Por cierto, ¿cuántos premios nobel hay en su cátedra de genética de la selección lineal?

Admitirá el Sr. Váquez que, si se queja de la profesionalidad en Cría Caballar y se congratula con los dos únicos nombramientos metropoyéticos en sus 150 años de historia, quien abajo firma le podrá denunciar, en primer lugar, a la Sociedad Protectora de Animales por su contumaz actitud hipoclasta (del griego: rompedor de caballos); y, por supuesto, a la Real Academia de la Lengua Española. Su presidente, Don Víctor García de la Concha le va a sacar los colores por doble motivo, sin contar los "acumulos", los "tracorbos" y otros lapsus lingüe (sic); da la casualidad que tiene un vínculo familiar muy estrecho con el coronel Don José García de la Concha y Otermin, autor de los más profundos estudios sobre la Cría Caballar en España y en el mundo, en la primera mitad del siglo XX., y lleva el amor al caballo en sus genes. A Don Víctor, está claro, le van a matar a disgustos.

Al buen Rey Carlos III, quizá para no ofender a la inteligencia de sus súbditos, no se le ocurrió incluir en sus Ordenanzas que uno puede mandar a tres, pero nunca tres mandar a uno. No se puede hacer una estatua ecuestre con el caballo de uno, la cabeza de otro y colocarla luego donde al Sr. Barranco le salga de los dídimos. Tampoco es bueno que la normativa sobre la Pura Raza Española tenga tres padres. Nuestra rica lengua castellana tiene toda una sarta de adjetivos irrepetibles para estos casos de polipaternidad.

S. ZUNZUNEGUI

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© Texto y Fotos: PURA RAZA. N. 26 / Enero-Marzo de 2004



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